Como mañana (y posiblemente hoy mismo) los expertos en el tema harán detallados análisis sobre el contenido, aquí me limitaré a hacer algunas reflexiones de carácter general:
El debate estaba tan preparado y pactado por el miedo a perder de los candidatos que, como he dicho antes, se puede hablar de empate técnico (por el hecho de que no han aportado ningún elemento nuevo).
Tampoco me ha gustado el sistema de conceder siempre al mismo candidato (en este caso Zapatero) la oportunidad de tener el último de palabra, ya que deja a su oponente sin capacidad de respuesta en todos los bloques (y lo mismo ocurrirá en el próximo).
Para evitar suspicacias se ha reducido tan drásticamente el papel del moderador que se podría haber sustituido por un simple cronómetro (como ya ocurrió en el cara a cara entre Solbes y Pizarro); cuando en realidad tendría que haber desempeñado una función mucho más intervencionista.
Por ejemplo, cuando uno de los dos candidatos lanzaba una pregunta, el otro se limitaba a desviar el tema hacia posiciones que le eran favorables. Ahí debería intervenir el moderador para obligarles a responder sin tapujos.
En mi opinión, durante todo el debate Zapatero se ha mostrado más seguro y tranquilo, mientras Rajoy estaba algo nervioso y no dejaba de mover los papeles, jugar con el bolígrafo o buscar un gráfico.
En este caso hay que felicitar a los asesores del Presidente, pues llevaba todo el material de soporte perfectamente ordenado en una carpeta con separadores, mientras el líder de la oposición tenía que revolver entre todos sus papeles para encontrar lo que necesitaba en cada momento (cosa que ha provocado que en al menos una ocasión se equivocara de gráfico).
Por el contrario, hay que recriminar a Zapatero las continuas interrupciones que hacía cuando hablaba Rajoy, saltándose el sistema de turnos y las normas básicas de cualquier diálogo (a saber: dejar hablar al oponente). Sin embargo, Rajoy, en vez de aprovecharlo, ha acabado por hacer lo mismo.
Otro aspecto criticable es que tanto Zapatero como Rajoy han dedicado la mayor parte del tiempo a hablar de lo que se ha hecho o de lo que no, en vez de explicar cuáles son sus propuestas para solucionar una situación que, si bien no es dramática, no permite ser demasiado optimista.
A modo de conclusión, creo que Zapatero se ha desenvuelto mejor, pero tampoco ha sabido transmitir con convicción que su programa es el más conveniente para afrontar los malos tiempos que se avecinan.