Después de ver el debate entre Zapatero y Rajoy he llegado a dos conclusiones principales: la primera es que no se ha tratado de un verdadero debate, pues las intevenciones han sido más bien aisladas y con el único punto en común del bloque en que estuvieran en ese momento; y la segunda es que no ha cambiado en absoluto mi visión sobre ambos candidatos, más que nada porque se han limitado a reproducir los mismos reproches y críticas que se han estado haciendo en los últimos meses (algunas incluso años), con la salvedad de que las han concentrado en dos horas.
Como mañana (y posiblemente hoy mismo) los expertos en el tema harán detallados análisis sobre el contenido, aquí me limitaré a hacer algunas reflexiones de carácter general:
El debate estaba tan preparado y pactado por el miedo a perder de los candidatos que, como he dicho antes, se puede hablar de empate técnico (por el hecho de que no han aportado ningún elemento nuevo).
Tampoco me ha gustado el sistema de conceder siempre al mismo candidato (en este caso Zapatero) la oportunidad de tener el último de palabra, ya que deja a su oponente sin capacidad de respuesta en todos los bloques (y lo mismo ocurrirá en el próximo).
Para evitar suspicacias se ha reducido tan drásticamente el papel del moderador que se podría haber sustituido por un simple cronómetro (como ya ocurrió en el cara a cara entre Solbes y Pizarro); cuando en realidad tendría que haber desempeñado una función mucho más intervencionista.
Por ejemplo, cuando uno de los dos candidatos lanzaba una pregunta, el otro se limitaba a desviar el tema hacia posiciones que le eran favorables. Ahí debería intervenir el moderador para obligarles a responder sin tapujos.
En mi opinión, durante todo el debate Zapatero se ha mostrado más seguro y tranquilo, mientras Rajoy estaba algo nervioso y no dejaba de mover los papeles, jugar con el bolígrafo o buscar un gráfico.
En este caso hay que felicitar a los asesores del Presidente, pues llevaba todo el material de soporte perfectamente ordenado en una carpeta con separadores, mientras el líder de la oposición tenía que revolver entre todos sus papeles para encontrar lo que necesitaba en cada momento (cosa que ha provocado que en al menos una ocasión se equivocara de gráfico).
Por el contrario, hay que recriminar a Zapatero las continuas interrupciones que hacía cuando hablaba Rajoy, saltándose el sistema de turnos y las normas básicas de cualquier diálogo (a saber: dejar hablar al oponente). Sin embargo, Rajoy, en vez de aprovecharlo, ha acabado por hacer lo mismo.
Otro aspecto criticable es que tanto Zapatero como Rajoy han dedicado la mayor parte del tiempo a hablar de lo que se ha hecho o de lo que no, en vez de explicar cuáles son sus propuestas para solucionar una situación que, si bien no es dramática, no permite ser demasiado optimista.
A modo de conclusión, creo que Zapatero se ha desenvuelto mejor, pero tampoco ha sabido transmitir con convicción que su programa es el más conveniente para afrontar los malos tiempos que se avecinan.
Como mañana (y posiblemente hoy mismo) los expertos en el tema harán detallados análisis sobre el contenido, aquí me limitaré a hacer algunas reflexiones de carácter general:
El debate estaba tan preparado y pactado por el miedo a perder de los candidatos que, como he dicho antes, se puede hablar de empate técnico (por el hecho de que no han aportado ningún elemento nuevo).
Tampoco me ha gustado el sistema de conceder siempre al mismo candidato (en este caso Zapatero) la oportunidad de tener el último de palabra, ya que deja a su oponente sin capacidad de respuesta en todos los bloques (y lo mismo ocurrirá en el próximo).
Para evitar suspicacias se ha reducido tan drásticamente el papel del moderador que se podría haber sustituido por un simple cronómetro (como ya ocurrió en el cara a cara entre Solbes y Pizarro); cuando en realidad tendría que haber desempeñado una función mucho más intervencionista.
Por ejemplo, cuando uno de los dos candidatos lanzaba una pregunta, el otro se limitaba a desviar el tema hacia posiciones que le eran favorables. Ahí debería intervenir el moderador para obligarles a responder sin tapujos.
En mi opinión, durante todo el debate Zapatero se ha mostrado más seguro y tranquilo, mientras Rajoy estaba algo nervioso y no dejaba de mover los papeles, jugar con el bolígrafo o buscar un gráfico.
En este caso hay que felicitar a los asesores del Presidente, pues llevaba todo el material de soporte perfectamente ordenado en una carpeta con separadores, mientras el líder de la oposición tenía que revolver entre todos sus papeles para encontrar lo que necesitaba en cada momento (cosa que ha provocado que en al menos una ocasión se equivocara de gráfico).
Por el contrario, hay que recriminar a Zapatero las continuas interrupciones que hacía cuando hablaba Rajoy, saltándose el sistema de turnos y las normas básicas de cualquier diálogo (a saber: dejar hablar al oponente). Sin embargo, Rajoy, en vez de aprovecharlo, ha acabado por hacer lo mismo.
Otro aspecto criticable es que tanto Zapatero como Rajoy han dedicado la mayor parte del tiempo a hablar de lo que se ha hecho o de lo que no, en vez de explicar cuáles son sus propuestas para solucionar una situación que, si bien no es dramática, no permite ser demasiado optimista.
A modo de conclusión, creo que Zapatero se ha desenvuelto mejor, pero tampoco ha sabido transmitir con convicción que su programa es el más conveniente para afrontar los malos tiempos que se avecinan.
2 comentarios:
Estic totalment d'acord que cap dels dos ha presentat cap tipus de proposta. Entre retrets i retrets, tenim més clars els errors de la època d'Aznar i les mentides d'aquesta legislatura que els programes. Si fins i tot el Gonzàlez enacara serveix d'argument!
Tot i això, jo no crec que Rajoy hagi estat tan malament i el Zapatero tan bé. Jo em vaig marxar amb la sensació que malgrat no tenir res en comú amb el discurs del Rajoy, el pepero li havia passat una mica la mà per la cara al Zapatero. Més que res perqué els dos es van estar fent retrets, i els que feia el Rajoy són més recents. És a dir, que Zapatero digui que en materia d'afers exteriors Aznar va fer la foto de les Azores, està més que passat, mentre que les mentides de Zapatero durant la treva són més recents i el Presidente en cap moment les va negar. El que vull dir és que Zpatero va assumir molts dels retrets i l'únic que va oferir van ser retrets a històries de fa quatre anys, o de l'estatut a molt estirar, enlloc de donar els arguments que l'havien portat a actuar de tal o qual manera. I com bé dius, tots dos passant de puntetes pel futur, que és el que ens estem jugant en aquestes eleccions.
Em subscic a les vostres opinions, excepte en què en ZP estigués pitjor que en Mariano.
Cap dels dos va estar a l'alçada del que s'espera en un debat entre dos candidats a la presidència. Tanmateix, he de reconèixer que al pis vam estar més pendents del "Conquistador del Mundo" una mena de supervivientes a la basca, que del debat. Tot i això, hi connectavem de tant en tant. No sé si va ser casualitat o és que en les dues hores que va durar sempre parlaven del mateix, però és que sempre enganxavem que sí terrorisme per aquí, més o menys impostos per allà, etc. Vaja, que no deien res de nou. Van ser dos mítings concentrats en un mateix espai.
D'altra banda, vaig tenir un moment de certa esgarrifança, una suma de sentiments i sensacions concentrats en un breu instant i el motiu del qual us el volia comentar; a Cuatro, just abans de començar el debat, comentaven missatges dels espectadors i un va ser la causa pel qual va anar de ben poc que no em tiro per la finestra. El missatge deia així; "Soy de izquierdas, pero como no me ha gustado la legislatura del PSOE, voy a votar al PP". Al pis ens vam quedar esparverats. "Hòstia!!". Algú reia, un altre plorava i jo m'estava preparant la soga per penjar-me.
Després, més fredament i sense l'ensurt del moment, vaig intentar fer-ne un anàlisi. La primera és que es tractava d'algun personatge amb una greu falta de capacitat intel·lectual, o bé, en segon lloc, i aquesta crec que és la bona, i no bona perquè m'agradi, perquè no, sinó bona perquè el nostre estimat espectador no tindria aquesta greu manca de capacitat intel·lectual,o sí perquè també podria votar en blanc o fer el que es diu una abstenció activa (llegeix això sense patir cap atac epilèptic), és que el sistema electoral espanyol només permet un bipartidisme intransigent. No és normal que una persona que es considera d'esquerres voti el PP. Hi ha altres propostes dintre de l'oferta política, però només dues semblen tenir certa validesa a Espanya. Això em fa pensar que el sistema no és tan democràtic, ja que permet als partits "grans" menjar-se als "petits".
Enga! Es nota que tenia molta estona lliure.
Salut!
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