martes, 22 de enero de 2008

Oportunidad

Según la Real Academia Española es "sazón, coyuntura, conveniencia de tiempo y de lugar". Por lo tanto, la oportunidad aparece cuando se combinan adecuadamente los factores precisos en un momento y sitio determinados (se entiende que en cualquier situación además del tiempo y del espacio también influyen infinidad de variables, pero me centro en estos porque ambos son imprescindibles, independientemente del hecho).

Ahora bien, ¿qué ocurre si no se da alguno de los dos elementos? Evidentemente la respuesta es que se pierde la oportunidad (entendida como óptimo), pero las consecuencias que se derivarían no son las mismas dependiendo de si la disfunción es espacial o temporal.

Aunque no es un ejemplo que pueda servir para todo, el amor es una excelente representación de una situación de desequilibrio. Pongamos por caso que un hombre que vive en Nueva York tiene unas cualidades específicas que se complementan con las de una mujer que reside en Trípoli (Libia), pero no se conocen. ¿Qué ocurre? De haberse encontrado el momento hubiera sido el adecuado, pues en ese instante habrían congeniado a la perfección y hubieran vivido felices para siempre o, en su defecto, mientras se dieran esas condiciones de idoneidad. No obstante, estaban, sin saberlo, en el lugar equivocado, puesto que entre ambas ciudades hay 7.494 kilómetros de distancia. Ante tales circunstancias ninguno de los dos sufre porque desconoce la existencia del otro y además no es consciente de que está perdiendo la oportunidad de ser feliz (que cada cuál se defina para sí lo que es ser feliz junto a alguien).

Sin embargo, ¿qué pasaría si la situación fuera a la inversa? Es decir, si el problema fuese de momento, no de lugar.

Esta descompensación debe analizarse desde una doble perspectiva. En primer término existe el momento entendido como tiempo cronológico (segundos, minutos, etc.), en cuyo caso dos personas que han vivido en el mismo sitio, de haber coincidido en la época hubiesen podido encontrarse.

El segundo caso es más subjetivo y casuístico. Cada persona desarrolla permanentemente un tiempo interno que marca sus necesidades, ilusiones y posibilidades.

Cuando dos personas coinciden en el espacio-tiempo, las características que respectivamente poseen inician un proceso de acoplamiento. Dependiendo del nivel de concordancia se avendrán en mayor o menor medida. Todo lo que no sea la coexistencia perfecta entre necesidades y capacidad de satisfacerlas (de uno y otro, es un flujo bidireccional) implicará que cada componente de la pareja se encuentra en un momento interior distinto, lo que deriva en una serie de incompatibilidades, decisivas o no, a la hora de emprender una relación.

A pesar de todo, la perfección no existe (ni entre personas ni con respecto a un objeto) y por eso aprendemos a conformarnos, a aceptar que el óptimo es inasumible, así que depende de la ambición personal el llegar más o menos lejos para satisfacer las necesidades propias.

La oportunidad, pues, se da una sola vez en tanto que se produce en unas coordenadas espaciotemporales concretas y el tiempo interior del sujeto se encuentra en una condiciones determinadas. No obstante, pueden sucederse oportunidades parecidas a lo largo de la vida, pero siempre quedará la duda de si las que desechamos nos hubieran dado más satisfacción que las que decidimos aprovechar.

2 comentarios:

uri dijo...

"Todos los entrenadores hablan sobre movimiento, sobre correr mucho. Yo digo que no es necesario correr tanto. El fútbol es un juego que se juega con el cerebro. Debes estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, ni demasiado pronto ni demasiado tarde."

Johan Cruyff

Anónimo dijo...

He perdut "l'oportunitat" (gac desternillante como el de "Tu t'en rapelles") de ser el primer comentari del blog...tot i que vaig tenir l'honor de ser la primera a conèixer la seva existència,deixant de banda els déus.

Bon tema per a una de les nostres tertúlies pseudo-intel·lectuals.